Tras la noticia hace unas semanas del primer paciente español que se había curado con sus propias células madre – una niña cordobesa a la que se trató con la sangre de su cordón umbilical, almacenada tras su nacimiento- nos preguntamos hasta qué punto las células madre serán la panacea médica del futuro y del presente, como las noticias de los últimos años parecen indicar. ¿Pueden las células madre curarlo todo? ¿De dónde provienen esas células? Y, ¿es lícito su uso?
Cuando escribimos “célula madre” en Google, aparecen más de un millón y medio de entradas (sólo en nuestro idioma): empresas que ofrecen servicios más o menos dudosos, webs que intentan dar información fidedigna entre la marea de datos, blogs de índole religiosa que arremeten contra el uso científico de embriones humanos… Una ojeada nos puede ayudar a hacernos una idea de “el gran lío de las células madre”. Para empezar a situarnos en el tema, buscamos información sobre el caso de Alba, la niña cordobesa que, según los periódicos, salvó la vida gracias a sus células madre.
Alba nació hace 4 años en el seno de una familia de clase media, educada, informada y concienciada en temas de salud. Debido a ello, sus padres contrataron los servicios de una empresa que conservó la sangre de su cordón umbilical tras el nacimiento, “por lo que pudiera pasar”. Esta sangre habitualmente se trata como deshecho de quirófano, pero a pesar de ello, tiene grandes propiedades: contiene una gran concentración de células madre de tipo sanguíneo –como las de médula ósea. Transcurridos dos años, la niña desarrolló un tipo de cáncer infantil, el neuroblastoma, por el que tuvo que ser operada y sometida a varios ciclos de quimioterapia. Y es en este punto dónde entran en juego las células madre: debido a la quimio, tanto las células cancerígenas en el cuerpecito de Alba, como las sanas empezaron a morir y su médula ósea empezó a fallar. Para recuperar sus defensas, los doctores le infundieron la sangre del cordón que le habían extraído años atrás y lograron así que el sistema inmune de la niña se recuperara y que su médula ósea se regenerara y produjera nuevas células sanguíneas sanas.
Así pues, ¿pueden las células madre aportar terapias seguras hoy en día? La respuesta es “a veces”. Los tratamientos con células madre del tipo que se utilizaron en el caso descrito son células “hematopoyéticas” y están presentes en la médula ósea y en la sangre del cordón umbilical, es decir, son células adultas. A día de hoy, no existen tratamientos con las tan polémicas células embrionarias y son pocos los casos de ensayos en humanos con células adultas de otros tipos.
TIPOS DE CÉLULA MADRE
No todas las células madre son iguales, pues hay numerosos niveles de diferenciación, es decir, no todas las células madre pueden dar lugar a células de cualquier tejido, o dicho de otra manera, no todas las células madre pueden curarlo todo.
Células embrionarias
La primera célula madre, la que puede dar lugar a cualquier célula de cualquier tejido es el cigoto. Éste, una vez implantado en el útero materno, se comienza a dividir y éstas primeras “células hija” mantendrán también sus propiedades, pero sólo en las primeras fases de división. Por esta razón, los científicos están muy interesados en las células madre embrionarias, pues son las que tienen un mayor potencial.
A finales de 2010 se comenzó el primer ensayo clínico serio con células madre de embriones humanos. Este ensayo, que se llevará a cabo en EEUU en un total de diez pacientes con daño espinal, tiene como objetivo principal demostrar la seguridad de la técnica para la vida humana, ya que en los inicios de la investigación con estas células se observó que tenían demasiada tendencia a formar tumores. Según la empresa Geron, promotora del ensayo, el procesamiento celular que han desarrollado permitirá un uso seguro para futuras terapias.
El uso de células embrionarias humanas para investigación y posibles terapias ha suscitado grandes debates políticos en todos los países occidentales, en los que se ha mezclado la religión con la ciencia y la ética con la ideología. Para obtener células humanas totipotentes (es decir, que puedan dar lugar a cualquier órgano o tejido humano), se utilizan los embriones sobrantes de tratamientos de fertilidad y que las parejas propietarias deben donar expresamente. La otra alternativa para estos embriones es mantenerlos congelados ad infinitum.
Células madre adultas
En el cuerpo humano, mantenemos una pequeña proporción de células madre durante toda la vida. Estas células son las que mantienen la “homeostasis”, es decir, las que mantienen el buen estado del tejido y lo reparan (en la piel o el intestino, por ejemplo). Algunos investigadores han logrado aislar este tipo de progenitor, como por ejemplo en la médula ósea o en la grasa, y actualmente son las que más se utilizan en investigación y terapias.
En este tipo de células se basa el desarrollo de la llamada “medicina regenerativa”. Desde la cicatrización de heridas complejas hasta la regeneración de un corazón completo con la técnica del “órgano descelularizado”, los ensayos se encuentran en múltiples estados de desarrollo, siempre limitados por la potencialidad de las células adultas.
Células madre iPS
En 2006 el científico Shinya Yamanaka (Universidad de Kyoto) desarrolló una técnica basada en la ingeniería genética para convertir células normales en células madre con prácticamente las mismas capacidades que las células embrionarias. Las llamaron “células iPS” (células madre pluripotentes inducidas), son células a las que han introducido 4 genes del desarrollo que permiten “revertir” el estado adulto de las mismas
Aunque aún se está probando su potencial, es posible que en un futuro suplanten a otros tipos de célula madre en la cabeza de maratón de la ciencia biomédica.
En la próxima década, observaremos un estallido en las posibilidades que nos ofrecerá la medicina regenerativa: el tratamiento de grandes traumas, la recuperación de órganos dañados sin necesidad de trasplante, los primeros tratamientos en enfermedades degenerativas… El camino que seguirán estas investigaciones es imprevisible por cuanto el número de frentes abiertos es enorme, pero lo que es seguro es que el avance del conocimiento y de sus aplicaciones es imparable.